PALABRAS 

    Manuel Gonzalez

 

Parece obligado que al escribir en este texto múltiple con ocasión de una exposición de la calidad que propone Manolo Moreno, parece obligado repito, establecer mediante la palabra (título de la exposición) una glosa de las mas bellas propuestas que el artista ofrece. Definir con palabras la calidez de las obras, subrayar hasta qué punto el inconsciente se ve beneficiado de la armonía de colores, transmutación del espíritu hasta comprender valores que hasta su percepción parecían inalcanzables, hablar mediante la palabra de amor, de espiritualidad, incluso de paz. Valores todos estos que el arte ha fomentado desde siempre, por mas que los humanos nos hayamos empeñado en convertirlos en moneda de cambio, los hemos manoseado, desvirtuado e incluso mancillado hasta en sus mas pequeños detalles. Instrumento éste, el de la palabra, que puede llegar a convertirse en arma de doble filo, pues dependiendo de la intención y la habilidad de su propietario puede, y de hecho consigue, establecer un marco que puede, o no, influir en el interlocutor, supeditarlo intelectualmente e incluso físicamente a capricho del primero, sin conseguir el segundo salir de un estado de confusión del que raramente puede salir indemne,

La palabra es el instrumento que los humanos elegimos para comunicarnos. Ignoro si en el pasado significaba lo que ahora, o si por el contrario era la mera expresión oral del conjunto de normas que nos hace mantener una relación con los demás, mas o menos satisfactoria. Comunicarse es tener algo que decir, algo coherente que conecte con el sentimiento del otro y poder así trasmitir una información que por necesaria satisface el espíritu, o informa de un suceso, o trasmite un deseo, una sensación, un sentimiento: una alegría, una tristeza...

Cuando la palabra se convierte en una orden, una normativa, la estructuración de un programa, la ordenación de una secuencia de actuación, la articulación de una idea que tiene por objeto la manipulación y la utilización del otro o los otros, quizá tendremos entonces lo que en muchas ocasiones se conoce hoy día por comunicación. No siempre es así naturalmente, pero con lo que esta cayendo en los últimos tiempos, en que todo el mundo quiere algo de alguien, es probable que la excepción se haga escasa.

No obstante todo esto, lo que me trae aquí es una exposición de mi amigo Manolo Moreno, que utiliza la palabra para establecer cercanía y confianza, y la usa en el mejor sentido. Su exposición es un ejercicio de sinceridad y generosidad que merece el mejor sentimiento, alejado de otro interés que dar a conocer lo que a diario su imaginación le proporciona.

A la vista está que domina las técnicas que utiliza. Sus pinturas expresan el conocimiento antiguo de los colores que la naturaleza tiene a bien darnos, salpicados por notas de color que aligeran el lienzo al tiempo que provocan en el espectador una sensación de volatilidad que trasciende mas allá de la propia voluntad del artista.

Pero con todo, a pesar de su dominio de los elementos que componen su plástica, lo que mas me llama la atención no es tanto la realización de sus creaciones sino la versatilidad en su ejecución, su eclecticismo estético que le lleva a incorporar a su producción todo aquello que su imaginación le proporciona. Este artista se ve impelido, creo que irremediablemente, a transformar la realidad tangible en una irrealidad intencionada. Cualquier objeto le sirve para expresar: un trozo de hierro, un sencillo alambre, un tubo de pintura vacío, que una vez pasan por sus manos, adquieren el valor plástico necesario para que pueda ser considerado y conectarse de algún modo con el arte.

Como otros artistas malagueños es un informalista vocacional, el uso de los materiales y el tratamiento de colores básicos y naturales le lleva a componer obras que se estructuran verticalmente a modo de estratos, enlazando un mundo esotérico, que suele culminar con un ascendiente cósmico que domina toda la obra. No obstante ésto, sus propuestas artísticas están impregnadas de un universo que se hace cercano, sin duda porque él lo es. Lo mas probable, o al menos a mi me lo parece, porque tienen su origen en la tierra que le rodea, cada una de sus representaciones me produce la impresión de un pedazo de campo irreal donde se reproduce un retazo de su propia vida. La escasa figuración crece desde el subsuelo de Tapies, para ir alcanzando a medida que nos elevamos un sentimiento espiritual que tiene su culminación en un cielo entre atormentado y acogedor del cual parecen ir cayendo notas de vida, representadas en manchas de color que le acercan en ocasiones a un sentimiento expresionista y que se reparten por el lienzo como movidas por un viento imaginario.

Tiene una tendencia natural hacia el expresionismo abstracto, que por otra parte inunda hoy día cualquier exposición de mérito. No abandona sin embargo sus raíces, aunque sí se deja acariciar por tendencias expresionistas, aunque con mucha moderación. Pintor pulcro donde los haya, no se abandona a la mancha de color acelerada y potente. Son notas de color que están cuidadosamente trabajadas y su ubicación esta perfectamente contrastada dentro de cada obra, como si cada una de ellas tuviera un fin en si misma, quizá acompañar alguna palabra o frase corta, que como pequeñas oraciones acompañan a muchos de sus cuadros.

Manolo Moreno trata de llevar el arte desde la complejidad a la sencillez, para desde allí cobrar mayor complejidad. Es el verdadero reto del arte contemporáneo, se elabora cuando es necesario, y cuando no lo es basta que expresar el sentimiento de un modo sencillo, posibilidad ésta que no esta al alcance de muchos, y son muy pocos los que son capaces de asumir el riesgo, seguramente porque la cualidad intelectual necesaria esta a su alcance. Manolo Moreno es uno de esos pocos. 


 

Manolo González


 


 

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